Bulimia y anorexia: la importancia de una detección temprana

La bulimia y la anorexia son trastornos de la conducta alimentaria (TCA), considerados enfermedades mentales graves que se caracterizan por patrones de alimentación anómalos y una preocupación extrema por el peso, la figura y el control sobre los alimentos. La Dra. Luisa Bay, Pediatra y Especialista en Nutrición con Dedicación a Errores Congénitos del Metabolismo en el Hospital Garrahan, nos explicó las diferencias entre ambas enfermedades, la importancia de un diagnóstico precoz y la efectividad de la terapia familiar sistémica.

¿Cuál es la diferencia entre la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa?

L. B.: Son dos trastornos de la conducta alimentaria. La anorexia nerviosa se caracteriza por la restricción alimentaria que lleva a la desnutrición que puede ser muy severa, mientras que la bulimia nerviosa se caracteriza por la presencia de episodios de compulsión alimentaria, en los que se ingieren enormes cantidades de alimentos. En estos casos, las pacientes suelen tener exceso de peso.

Ambos cuadros pueden o no acompañarse de algunos métodos que las pacientes consideran útiles para perder calorías, como pueden ser los vómitos, laxantes, diuréticos o ejercicios físicos.

¿Cómo influyen los factores emocionales en el desarrollo o evolución de estas enfermedades?

L. B.: En ambos casos hay componentes emocionales importantes que condicionan la enfermedad y, aunque pueden variar entre las distintas pacientes, siempre requieren la ayuda de un profesional especializado.

¿Cuáles son los factores desencadenantes de estos trastornos?

L. B.: A veces no se identifica un factor desencadenante, pero frecuentemente se vinculan a alguna observación respecto al peso o la figura que comienza con un intento de adelgazar pero que no encuentra el límite, y otra veces, en cambio, se encuentran factores desencadenantes relacionados con conflictos familiares o situaciones personales.

¿Por qué existe una alta tasa de mortalidad respecto de estas enfermedades?

L. B.: Estas enfermedades pueden tener mayor mortalidad en la población general, por severa desnutrición o por complicaciones metabólicas causadas por vómitos, laxantes o diuréticos, y se han registrado, también, mayores tasas de suicidio.

¿A qué edades son más frecuentes estos trastornos? ¿Existe un mayor predominio en los varones o en las mujeres?

 L. B.: Estos trastornos afectan en mayor proporción al género femenino y, aunque son más frecuentes en la adolescencia, se ven también casos en niñas pequeñas (9 años) y en adultos jóvenes. 

¿Cómo influyen el entorno familiar y el social en estos trastornos?

L. B.: El entorno familiar en general está muy involucrado y cumple un rol fundamental en el tratamiento, funcionando como coterapeuta.

¿Cuáles son las estadísticas de estas enfermedades en la Argentina?

L. B.: Respecto a la frecuencia de estos trastornos en nuestro país, es muy difícil contar con estadísticas válidas. Lo que sí está claro es que ha aumentado notablemente la frecuencia en los últimos 40 años.

¿El incremento en la tasas de anorexia y de bulimia en los últimos años puede ser producto de la cultura de la imagen perfecta que proponen las redes sociales, por ejemplo?

L. B.: Sí, la presión social sobre la imagen puede ser un factor influyente, y también la extendida preocupación por la alimentación saludable que frecuentemente se difunde en las redes, a veces con conceptos que pasan de boca en boca pero carecen de fundamento científico y pueden conducir a una mala alimentación.

¿Cuál es la importancia de detectar estos trastornos a tiempo?

L. B.: Es conveniente que cuando la familia nota alteraciones en la conducta alimentaria del adolescente o niño, aunque parezcan mínimas pero que son persistentes, haga la consulta con el profesional. Un diagnóstico precoz favorece la buena evolución.

¿A qué profesional deben recurrir los responsables del adolescente o niño ante la sospecha de alguna enfermedad relacionada con la conducta alimentaria?

L. B.: La primera consulta es recomendable que se haga con un especialista en nutrición con experiencia en el diagnóstico y en el tratamiento nutricional, que rápidamente debe trabajar en equipo con un especialista en salud mental. En mi experiencia, ha sido muy valioso el trabajo con terapeutas familiares sistémicos que en personas jóvenes ha demostrado ser muy efectivo y gracias al cual la familia adquiere un adecuado sostén para colaborar con el tratamiento.

¿Cuál es la relevancia de un seguimiento de estas enfermedades a largo plazo?

L. B.: Una vez superada la enfermedad, hay evidencias de que un seguimiento a largo plazo es muy efectivo para consolidar la recuperación y evitar las recaídas.