La salud mental de los adolescentes en la era digital

Hoy en día las redes sociales son una ventana al mundo, una forma de estar conectados constantemente. Para muchos jóvenes y adolescentes, sin embargo, el consumo considerado “intensivo” también está asociado a un mayor riesgo de síntomas depresivos, baja autoestima, angustia y ansiedad. Profesionales de la salud mental analizan esta problemática y proponen estrategias para poder acompañarlos mejor.

¿Qué es la salud mental?

La salud mental, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS),  es un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todo su potencial, aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a su comunidad. Tiene un valor intrínseco e instrumental y es un derecho humano fundamental.
Características e importancia de la salud mental según la OMS

Bienestar integral: 

Es un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de enfermedades.

Conciencia de las capacidades: 

La persona conoce y aprovecha sus propias habilidades y potencialidades. 
Resiliencia:

La capacidad de manejar las tensiones de la vida diaria y adaptarse a los cambios.  

Productividad y contribución: 

La habilidad de trabajar de forma productiva y aportar valor a la comunidad. 

Es esencial para la salud integral: 

Mantiene el bienestar general y es fundamental para la calidad de vida.

Afecta la funcionalidad: 

Influye en la capacidad de trabajar, estudiar y participar activamente en la sociedad. 

Es un problema global: 

Más de mil millones de personas en el mundo experimentan problemas de salud mental, siendo la ansiedad y la depresión los más comunes. 
El uso desmedido de redes sociales y el “FOMO” (Fear Of Missing Out – miedo a quedarse afuera)

El consumo diario de más de 3 o 4 horas de redes sociales es clasificado como “uso intensivo” y está  asociado a un mayor riesgo de síntomas depresivos, baja autoestima, angustia y ansiedad, provocados por la comparación, la búsqueda de validación externa y la exposición a las críticas. El consumo de imágenes idealizadas y de una realidad filtrada genera malestar en los jóvenes, porque moldea la percepción que tienen de sí mismos y del mundo que los rodea. 

“El desarrollo de la autoestima, la personalidad y la iniciación en diferentes experiencias mediadas por estos modelos digitales ligados al consumo, a las modas y las tendencias pone a los y las adolescentes en una posición de especial vulnerabilidad”, afirmó el Lic. Damián Supply, Psicólogo y Coordinador del Área de Prevención y Promoción de la Salud en Niñez y Adolescencia del Hospital Italiano, y agregó: “El sufrimiento o la incomodidad habita en la distancia que hay entre la búsqueda personal y los ideales digitales. Si bien la comparación existió siempre, hoy esa ‘vida perfecta’ está mucho más presente, globalizada, con modelos preestablecidos y soluciones mágicas e inmediatas que dejan de lado lo singular”.

La continua utilización de las redes también puede llevar al adolescente a encontrarse en un estado de alerta constante. “Aquí es cuando aparece el concepto de FOMO, que funciona como un amplificador del estrés y la ansiedad, y se manifiesta en un miedo a perder vínculos, experiencias o reconocimiento social”, explicó la Dra. Gisela Rotblat, Secretaria Académica y Docente de la Especialización en Psiquiatría Infanto-Juvenil de la Universidad Hospital Italiano.

Si bien el miedo a la exclusión es una reacción esperable en cualquier persona, el FOMO ligado al consumo problemático de redes sociales evidencia el apego a las tecnologías y el impacto que tienen en la percepción de la vida y la felicidad. Puede derivar en síntomas de ansiedad, angustia y enojo, y tiene consecuencias tales como problemas en la concentración y funcionalidad académicas y/o laborales, frustración y consecuencias negativas en el estado de ánimo y trastornos del sueño con disminución del rendimiento, sensación de cansancio y aumento de la irritabilidad.

¿Qué rol juega la familia, la escuela y la sociedad?

Ante una problemática ya instalada, el rol de las familias, la escuela y la sociedad en su conjunto es fundamental para potenciar los beneficios y reducir los riesgos en entornos digitales a través de la “educación digital”, que implica: 

Alfabetización digital: enseñar a diferenciar lo real de lo editado/idealizado en redes.

Autorregulación tecnológica: fijar horarios sin pantallas, practicar el “digital detox” parcial a nivel familiar.

Fomentar conexiones offline: actividades presenciales que generen pertenencia en espacios comunitarios y reemplacen la validación digital.

– Trabajo en autoestima: fortalecer la valoración interna frente a la aprobación externa. 

Tanto Rotblat como Supply hacen hincapié en la importancia de la prevención en todo momento. “No debemos esperar a la adolescencia, e incluso podemos anticiparnos y trabajar junto a ellos antes de que comience su vínculo con los dispositivos electrónicos”, explicaron. “Debemos escuchar, conocer e interceder en toda situación y desde los diferentes ámbitos que forman parte de la vida: el hogar, el colegio, el club, la salud”, agregaron.

En cuanto a las prácticas y límites, resaltaron que es fundamental establecer un orden, con hábitos y rutinas saludables que respeten las horas adecuadas de sueño, alimentación balanceada, realización de actividad física, adquisición de nuevos aprendizajes y, sobre todo, socialización. Límites como un máximo de 3 horas de pantallas por día y la ausencia de dispositivos electrónicos hasta los 6 años también pueden ser estrategias valiosas.

Lo importante es “estar alerta a los riesgos, trabajar incesantemente sobre la prevención y acompañar a las instituciones y familias a establecer los cambios que proponemos”, destacaron ambos especialistas. 

El Servicio de Salud Mental del Hospital Garrahan 

El Servicio de Salud Mental fue creado en 1988, dirigido a proteger la salud emocional de los pacientes con enfermedades médicas.

“En el servicio de Salud Mental tenemos la misión de hacer más transitable para pacientes y padres el camino difícil de la enfermedad médica. Los psicólogos y psiquiatras que formamos el servicio, estamos cada uno integrado a equipos interdisciplinarios. El sello fundacional del servicio fue la interdisciplina, y este modo de trabajo se ha fortalecido a través de los años. En el trabajo cotidiano no hay jerarquías de opinión. Cuando aportamos al tratamiento de un paciente, las personas, de todas las profesiones, valoramos por igual la contribución que podemos hacer”, destacaron la Dra. Alejandra Bordato, Jefa del Servicio de Salud Mental del Hospital Garrahan, y la Lic. Débora Farberman, Psicóloga en el Hospital Garrahan, y agregaron que “dentro de los equipos interdisciplinarios, el pediatra y los diferentes especialistas que participan del tratamiento, trabajamos juntos”.

Con los pacientes se llevan a cabo actividades preventivas (grupales, individuales y familiares) y terapéuticas.

“Una vez que conocemos en profundidad las necesidades y los riesgos comunes de determinado grupo de pacientes, intervenimos sobre esos puntos generales para evitar que esas necesidades y riesgos se conviertan en problemas. Realizamos folletería, videos, grupos de padres y de niños, entre otros recursos”, explicaron Bordato y Farberman.

Fuentes:

– Organización Mundial de la Salud (OMS).

– Hospital Garrahan.

– Hospital Italiano.